
Este sábado 15 de mayo se realizó el primero de tres talleres de formación que la Fundación Medatia dictará a su equipo de trabajo, esta vez el trabajo se enfocó en la estructura del guión
Teatro UCAB, 15 de mayo de 2010
Los talleristas se sacan los zapatos y empiezan el recorrido por el espacio. Ha llegado el momento de reconocerse en los otros.
Durante la caminata por el espacio, los participantes intercambian verbalmente cosas que los identifican. Al sonido de una palmada, establecen contacto visual con otro, dicen sus nombres y vuelven a andar; un segundo aplauso, contacto visual e intercambian su color favorito, de nuevo a transitar el espacio; tercera palmada, contacto visual y comparten su lugar de preferencia.
Con un clima de intimidad construyéndose, se abre el camino para el juego. Ahora al sonido de los aplausos, los talleristas irán uniendo partes del cuerpo y caminando por el espacio: tres manos, seis pies, doce hombros, un equipo amalgamado está preparándose para la actividad central del taller: la estructuración de un guión a través de la improvisación.
Ana O’Callaghan, encargada de la primera formación de los facilitadores de la Fundación Medatia a través del taller de “Teatro y Comunidad”, es quien dirige esta actividad. Divididos en tres grupos, los talleristas construyen una historia que será representada, cada grupo debe pensar en su color, lugar o animal favorito y escoger uno para que sea el centro de la improvisación.
De vuelta a lo básico: un guión teatral debe tener “inicio, desarrollo y fin”, afirma un coro de voces, pero también debe plantear un conflicto que permita que: “todos los obstáculos estén en relación con ese conflicto hasta finalmente ser superado”, afirma O’Callaghan.
Las historias se representan, ahora se intercambian los participantes. Ignacio Serrano, director del departamento de Formación de la Fundación Medatia, explica la segunda fase del ejercicio. Se numeran los participantes del uno al tres, hasta conformar grupos heterogéneos. Estos nuevos conglomerados deben construir una sola historia, pero que responda a lo planteado por las tres anteriores improvisaciones.
Esta nueva improvisación debe conservar: elementos, personajes, temáticas o algún rasgo que permita la fusión de las tres historias, ha llegado el momento de improvisar un guión de “creación colectiva”. Con 15 minutos para llevar a cabo la ambiciosa empresa, arrancan las presentaciones.
Una vez representadas las nuevas historias, se derivan conclusiones de su puesta en escena:
a. El conflicto debe estar claro desde el principio. No puede revelarse sólo al final. Dice Serrano: “¿Todos conocen Romeo y Julieta? Pues allí se plantea desde un principio el conflicto, todos ustedes ven inicialmente que se trata del amor imposible, ya que a través de distintos personajes y diversas situaciones eso es reafirmado. Así debe estructurarse un guión.”
b. Al fusionar historias, para la construcción de un guión de “creación colectiva”, debe repararse en el conflicto presente en cada historia. Explica O’ Callaghan: “Una vez que sacamos el conflicto de cada historia, y sabemos qué quiere decir el grupo de talleristas, podemos ver qué elementos de la improvisación deben permanecer en la historia final, cuáles pueden ser sustituidos, y cómo estructurar la historia que guiará el colectivo.”
c. Finalmente, el teatro es “palabra en acción”, plantea Virginia Aponte, presidenta de la Fundación Medatia, si no, sencillamente estamos en presencia de imágenes, pero no de un hecho teatral. El asunto está en la acción.
Los talleristas se ponen de pie, se toman de las manos, dicen sus nombres y al grito de: “Nosotros-somos-un-equipo”, se da fin a este primer taller de formación.
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